Por Andrea Lira
Es un honor para mí participar en la presentación de esta obra, que se inscribe en un momento clave para la transformación educativa de nuestro país. Hablar de la Nueva Escuela Mexicana implica adentrarse en una propuesta reformadora que busca replantear profundamente los fines, contenidos y métodos de la educación nacional. Más allá de los cambios curriculares, esta reforma convoca a una transformación ética, cultural y pedagógica del quehacer docente.

En este contexto, el libro que hoy nos convoca, titulado Entreverando experiencias educativas: tejiendo narrativas pedagógicas en torno a la Nueva Escuela Mexicana, representa una valiosa aportación para comprender cómo esta política pública se vive, se interpreta y se resignifica desde las voces de quienes están en el centro de la práctica educativa: las y los maestros.
Este trabajo fue construido con la intención de reconocer los retos que enfrentan los docentes en el estado de Baja California Sur, muchos de los cuales han sido, nuestros estudiantes de maestría. Su experiencia les permite situarse en un cruce de caminos entre la teoría y la práctica, entre las políticas educativas y las realidades escolares. El enfoque narrativo del libro permite entreverar —como bien dice su título— los hilos de esas experiencias para construir un tapiz de significados, tensiones y reflexiones en torno a la implementación de la Nueva Escuela Mexicana.
La obra se compone de 20 narrativas pedagógicas, en las que nuestras compañeras y compañeros docentes comparten, desde su propia voz, los desafíos que enfrentan al momento de llevar a la práctica los cambios propuestos por la nueva reforma educativa. Estas narrativas no solo documentan vivencias personales, sino que también abren un espacio de diálogo colectivo en el que se entrecruzan saberes profesionales, emociones, resistencias y aprendizajes.
Lejos de ofrecer respuestas definitivas, este libro invita a la reflexión crítica. Nos recuerda que toda reforma educativa cobra sentido solo cuando es leída, reinterpretada y puesta en acción por quienes están en las aulas. Y que esas voces, muchas veces invisibilizadas, son fundamentales para comprender el verdadero impacto de cualquier política pública en materia educativa.
Celebramos, entonces, esta obra no solo como un producto académico, sino como un acto de memoria, de reconocimiento y de construcción colectiva. Porque al tejer narrativas, también estamos tejiendo comunidad, identidad profesional y esperanza pedagógica.
Mientras vamos recorriendo las páginas de este libro, nos encontramos, en primer lugar, con una lectura entrañable y reflexiva a cargo del Dr. Mario Chávez Campos. En ella, el autor nos invita a reconocer el papel fundamental que desempeñan las y los docentes no solo en el proceso de enseñanza, sino también en su capacidad de incidir en las realidades sociales y culturales de las comunidades donde laboran.
Su texto nos recuerda que la práctica docente va mucho más allá de la transmisión de conocimientos: implica un compromiso profundo con la transformación, con la justicia social y con la posibilidad de construir un país más equitativo a través de la educación. En sus palabras, se hace evidente que el maestro y la maestra son agentes de cambio que, día a día, llevan esperanza y posibilidad a niñas y niños de todos los rincones del país.
Este primer texto enmarca con claridad la intención de toda la obra: dignificar la voz docente, reconocer su experiencia como un saber valioso, y colocar al centro de la conversación educativa a quienes realmente conocen los retos de enseñar en contextos diversos, complejos y desafiantes.
Después de esta primera lectura, nos adentramos en la valiosa aportación de la Dra. Ana Laura Gallardo, quien nos plantea con claridad algunos de los desafíos que han surgido a raíz de la reformulación curricular impulsada por la Nueva Escuela Mexicana. Su análisis nos invita a reflexionar sobre los múltiples retos que implica la resignificación de las prácticas educativas, especialmente cuando estas deben estar alineadas con un nuevo paradigma pedagógico que, aunque propositivo, requiere profundas transformaciones en la cultura profesional docente.
La doctora Gallardo pone especial énfasis en la necesidad de construir narrativas que permitan pensar estos desafíos históricos desde una perspectiva crítica y situada, recuperando la experiencia concreta del colectivo docente. Es decir, no se trata solo de hablar sobre los maestros, sino de escuchar desde los maestros: desde sus trayectorias, desde sus incertidumbres, desde sus apuestas pedagógicas.
Además, su texto ofrece una reflexión teórica y metodológica sobre el valor del enfoque narrativo como herramienta de investigación y como recurso para el empoderamiento profesional. La narrativa, nos dice, tiene la capacidad de dotar de voz propia a las maestras y maestros, permitiéndoles resignificar su práctica, comunicar los fenómenos que acontecen en su día a día, y compartir esos saberes más allá de los muros de sus escuelas y comunidades educativas.
Su propuesta es clara: si queremos comprender y transformar la educación, necesitamos recuperar las voces que la sostienen cotidianamente. Y en ese sentido, este libro se convierte en una plataforma para ese diálogo indispensable.
En un tercer momento del recorrido por esta obra, nos encontramos con la valiosa colaboración del Dr. Tito Fernando Piñeda Verdugo, y el maestro Luis Miguel Aragón. Ambos nos invitan a profundizar en las posibilidades metodológicas que ofrece la narrativa, deteniéndose de manera particular en el método Currere, una herramienta que permite adentrarnos en las voces, las trayectorias y los paisajes interiores de quienes ejercen la docencia, entendiendo esas voces como parte de los estudios geográficos de la humanidad.
Partiendo del enfoque propuesto por William Pinar y el movimiento de la reconceptualización curricular, los autores nos muestran cómo la narrativa autobiográfica se convierte en una vía poderosa para que el profesorado reflexione sobre su práctica y la inscriba en un contexto más amplio, histórico, cultural y político. Al hacerlo, no solo se reconoce la subjetividad docente como legítima fuente de conocimiento, sino que se le da un lugar central en la producción de sentido en torno a la reforma educativa actual.
Asimismo, su texto profundiza en las características que deben considerarse al momento de construir un relato autobiográfico con rigor, y plantea la autoetnografía como un método pertinente para la escritura del docente. Desde esta perspectiva, escribir sobre la propia práctica no es un ejercicio anecdótico, sino una forma de análisis crítico que permite reconocer los desafíos actuales que enfrentan nuestros maestros y maestras en el marco de la Nueva Escuela Mexicana.
Esta propuesta metodológica se articula con el corazón del libro: reconocer en las voces docentes no solo la experiencia vivida, sino la posibilidad de interpretar y transformar la realidad educativa desde adentro.
Pero no menos importante, llegamos al corazón mismo de esta obra: las 20 narrativas pedagógicas construidas por un total de 24 estudiantes de la Maestría en Ciencias de la Educación de la Escuela Normal Superior del Estado de Baja California Sur. Estas narrativas constituyen una muestra viva, auténtica y profundamente significativa de lo que implica ser docente en el contexto actual.
En cada uno de estos relatos se encuentran plasmadas no solo las experiencias, sino también las emociones, las tensiones y las reflexiones que surgen en el ejercicio cotidiano de la docencia. Son textos que nos hablan de aventuras pedagógicas, de desafíos institucionales, de incertidumbres y de búsquedas personales. Pero también son relatos de compromiso, de resistencia y de transformación.
Estas voces nos permiten asomarnos a una diversidad de contextos educativos que, en su complejidad, desafían los presupuestos normativos y generalizadores de la Nueva Escuela Mexicana. En sus páginas se hacen visibles las brechas entre el discurso oficial y las condiciones reales de las aulas; pero también se revela la capacidad del magisterio para adaptarse, resignificar y construir propuestas pedagógicas pertinentes y situadas.
Lo que encontramos en estas narrativas es mucho más que una serie de testimonios: es una radiografía del presente educativo desde la mirada de quienes lo sostienen. Es una oportunidad para reconocer, valorar y aprender de la experiencia profesional de maestras y maestros que, además de enseñar, reflexionan críticamente sobre su práctica y se atreven a escribirla, a compartirla, y a convertirla en una herramienta de diálogo colectivo.
Con esta obra —Entreverando experiencias educativas: tejiendo narrativas pedagógicas en torno a la Nueva Escuela Mexicana— no solo nos acercamos a un conjunto de reflexiones pedagógicas; nos acercamos a las personas, a sus historias, a sus voces. Nos acercamos a maestras y maestros que no solo enseñan, sino que aprenden, que se cuestionan, que se transforman y, sobre todo, que luchan día con día por hacer de la educación un verdadero motor de cambio.
Este libro es un testimonio colectivo que nos recuerda que las reformas educativas no se construyen únicamente en escritorios o documentos oficiales, sino en las aulas, en los patios, en los pasillos, y en la vida cotidiana de quienes ejercen la docencia con vocación, creatividad y esperanza.
Agradezco profundamente a quienes hicieron posible este trabajo: a las y los autores por su valentía al compartir su experiencia; al equipo académico que acompañó el proceso; y, por supuesto, a quienes hoy nos acompañan y que, con su interés, mantienen vivo el diálogo educativo.
Los invito a leer este libro con apertura, con sensibilidad y con espíritu crítico. Pero, sobre todo, los invito a escucharlo. Porque en sus páginas resuena la voz de quienes, con cada acto pedagógico, siguen tejiendo el presente y el futuro de la educación en México.
Muchas gracias.
